Quetzalcóatl, Dios xalapeño

*En un delicado parque estilo Art Decó, de principios del Siglo XX, el de Xalapa, una estructura de la Serpiente Emplumada, donde aún queda algo de magia de aquella deidad sin rebaño

Katya López Cedillo

Xalapa, Ver.- La bravura del viento y sus trayectos resollaron con tal fuerza, que desde el mirador pude observar las nubes arremolinarse presurosas, hasta acariciar la punta de los cerros; abajo, en la tierra, mi cabello se enredaba entre el vaivén de las ráfagas y la escasa hojarasca que salía de los árboles despeinados del Parque Juárez.  Temí que lloviera, caminé cuesta abajo y entonces descubrí que aquel vendaval, más que una alerta de clima, era un llamado de una deidad que perdió fieles: Quetzalcóatl, el Dios Mesoamericano, que lo regía casi todo: la vida, la luz, la fertilidad, el conocimiento y la civilización misma; si bien no está en el olvido, el proceso de conquista redujo a nada la fe sobre su estirpe y hoy sobrevive apenas como un recuerdo en el que el Imperio Mexica fundó su desarrollo.

Lo primero que encontré fue una delgada cola con escamas de cristal que se abrazó de un árbol. Al seguir el camino de su cuerpo, vi el remate al otro extremo del gran rostro emplumado, con profundos ojos y filosos colmillos dentro de una boca de la que salen dos largas lenguas que rozan el suelo. Cada parte de su cuerpo fue cubierta con cristalería, que le hace brillar con el reflejo del sol.

En la estructura de la Serpiente Emplumada aún queda algo de magia de aquella deidad sin rebaño: en la parte baja de sus entrañas hay un hueco para subir hacia su boca, que incita a deslizarse por sus lenguas hasta el suelo. Un ciclo delirante del que es difícil escapar. Los niños entran, escalan, gatean, se deslizan una y otra vez y dentro del ‘ex dios’ crean sus propias historias de batallas y guerreros, entre las prisas por subir y vértigo de caer una y otra vez más.

Entre su belleza también deambula la ironía, pues este, que hace más de 500 años era una de las deidades centrales del Imperio Mexica, es hoy causa de indignación y molestia: para algunos es irrespetuoso ver una pieza mesoamericana en un delicado parque estilo Art Decó, de principios del Siglo XX (motivo por el que algunos han pedido que se retire del lugar); mientras para otros es irrespetuoso que la representación de un dios anterior a La Conquista sea ahora una diversión infantil.

Pero, en preguntas honestas sin respuesta: ¿qué preferirían los Dioses: el sacrificio del dolor y de la sangre, o la ofrenda de las risas y del juego?

El debate podrá seguir, mientras la ex deidad-resbaladilla no se opone a las visitas…quizás incluso sea al contrario y con los vientos que bufan desde el mirador del Parque Juárez solo busca atraer más invitados, que no sean más adoradores temerosos de su poder infinito, sino audaces amigos dispuestos a deslizarse desde las entrañas hasta las fauces de un dios en el olvido.

 

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