Chiltoyac, un refugio de tradición

*Aún conserva tradiciones centenarias: danzas, alfarería y la devoción al Señor de Chiltoyac, sus habitantes lograron recuperar parte de la historia que da identidad a la comunidad

Itzel Loranca

Xalapa, Ver.- Cuatro cruces, una en lo alto de cada punto cardinal de Chiltoyac, contemplan a un pueblo que las excede en tiempo: cuando fueron colocadas como centinelas, hacía siglos, el sitio ya había sido nombrado en náhuatl como “lugar donde el agua se derrama sobre el chilar”.  Un asiento totonaco que se remonta a los siglos XI y XIII hasta que en 1892 el municipio de Xalapa lo asimiló como parte de su territorio.

Basta alejarse 40 minutos en camión de las calles populosas de la capital para encontrar poco a poco la quietud que señala el camino hacia el lugar: el bullicio del vaivén comercial de El Castillo da paso a la moderada calma del ejido El Tronconal y dejado atrás un libramiento aparecen a ambos lados las casas, pequeños comercios y, pronto, la iglesia de Chiltoyac.

Cada primer viernes de marzo, en ella recuerdan la extraña llegada de la imagen que resguarda: un Cristo crucificado en el camino, El Señor de Chiltoyac.

Ocurrió años después de que a los indígenas les permitieron dejar el exilio que al inicio de la Conquista les impusieron en Xalapa. Asentados de nuevo en el valle, los pobladores hallaron al Cristo en el camino y lo llevaron al centro del pueblo. Al día siguiente… otra vez estaba en el monte. Varios días, hasta que prometieron construirle una iglesia.

Desde entonces, sus muros coloniales guardan al llamado Señor de Chiltoyac que nunca sale del templo, porque cuando los primeros fieles lo sacaron en procesión cayó una tormenta que azotó por días al pueblo. Le juraron no volver a exponerlo al sol a cambio de parar el diluvio.

Por eso, la otra de las fiestas en su honor quedó fijada el 15 de mayo, cuando cuentan que dejó de llover y en que piden sea propicio con los cultivos de maíz, frijol, chile, café y caña que sustentan a la comunidad.

El fervor en Chiltoyac tiene ritmo. Con flauta y tambor, durante las dos celebraciones, adultos, niños y niñas, con los abuelos, bailan la danza del “Caballito del Señor Santiago”. Reservada durante cientos de años solo a hombres mayores, se integró a los pequeños cuando comenzó su rescate en 2012. Desde los trajes y las máscaras hasta la melodía típica y cómo tocar los instrumentos, se necesitó de la memoria de todo el pueblo para recuperarla.

Además del “Caballito”, de la mano de varios pobladores unidos como Centro Comunitario de Tradiciones, Oficios y Saberes de Chiltoyac (CECOMU), con investigadoras de la Universidad Veracruzana, rescataron su historia y la alfarería antigua.

Ahora, en cada fiesta con sus presentaciones de la danza, puestos con piezas de barro y mole tradicional en las casas, también celebran haber rescatado juntos lo que se había perdido, con los miles de peregrinos que llegan al santuario.

El resto del año el pueblo se resiste a la confusión acelerada del día a día en Xalapa. Aquí es mediodía y las señoras con sombrilla caminan con la compra en el morral hacia su casa, a esperar que regrese su parentela del campo.

Allá, en la principal suena el rumor del camión y uno que otro taxi colectivo, que al ocaso traerán de vuelta a los muchachos que trabajan en la capital.

 

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