Estoica, la Calera de Banderilla

*Con sus deshilachadas paredes, la fábrica “Cales de Banderilla S.A.”, lucha constantemente para que no sea borrada de la historia, pele día a día para no morir

Javier Salas Hernández

Banderilla, Ver.- Como la muñeca fea, arrumbada en un rincón, así yace “La Calera” de Banderilla, temerosa que la vean ante el imponente Centro Polifuncional de Cultura, Comercio y Deporte bautizado “Auditorio la Calera”, erigido a un costado de sus deshilachadas paredes

La fábrica “Cales de Banderilla S.A.” abrió sus puertas en aquel 1945 ante el auge de la industria de la construcción en la región. Han transcurrido 33 años del cierre de sus puertas al sucumbir ante una crisis financiera interna de la que no pudo recuperarse, pero se mantiene estoica.

En 1990 cerró y hoy, con su vestido carcomido, viejo y sucio llora en silencio; humillada y mutilada, añorando sus días de gloria y esplendor, cuando entre sus paredes y su extenso patio corrían chiguilleros, libertadores de cal, empacadores, cargadores, estibadores y los fogoneros encargados de mantener activo el fuego de los hornos y las calderas.

De sus paredes destila hollín y brota moho que son opacadas por la reluciente y moderna estructura tubular del nuevo auditorio, con enormes vidrios templados que serán más resistentes al embate del tiempo.

Atrás quedó el recuerdo del sonido grave que salía de las entrañas del enorme silbato metálico anunciando el inicio y el fin de las arduas y extenuantes jornadas laborales. En cada silbido los 30 trabajadores se desplazaban por el pasillo de acceso de la fábrica, ya sea para entrar o salir hacia la calle “Benito Juárez”, que con el paso del tiempo de convirtió en la avenida principal de la ciudad.

Ahora, ese pasillo se ve nuevamente concurrido cuando algún grupo musical, una orquesta o un artista de talla nacional se presentan.

En el año 2015 un haz de esperanza iluminó el rostro viejo, desgastado y demacrado de la fábrica ante el anuncio de su rescate, pero el proyecto se detuvo cuatro años por problemas administrativos y financieros.

En 2019 se reactivó, pero hubo rescate a medias, pues el ambicioso propósito contempló la edificación de un imponente auditorio que solo lleva el nombre de la antigua calera. No hubo más para la vieja fábrica.

Convertida hoy en prácticamente una bodega a cielo abierto, “la Calera” está arrumbada, víctima del tiempo que no perdona, pero entablando una lucha constante para que no sea borrada de la historia de Banderilla, luchando día a día para no morir.

 

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