El Abuelo, tamales sabor sureste

*En la parte trasera de una camioneta color verde, los tamales de de carne  ranchero, costilla y elote; de pollo: pibil, pipián, mole y chipilín son la delicia para miles de personas de la zona norte del puerto de Veracruz

Ángel Cortés Romero

Veracruz, Ver.- La esquina de la calle JM Palacios y la avenida Veracruz es una sucursal del sabor del sureste mexicano que Fernando Torres Ponce “El Abuelo” convirtió, desde hace 12 años, en una tradición en la zona norte del puerto de Veracruz.

Desde la parte trasera de una camioneta color verde se desprende un olor a masa cocida que se mezcla con los aromas de una gama de ingredientes, fusión que permanece guardada en hojas de maíz o de plátano.

El aroma termina por esparcirse cuando los clientes de Fernando desprenden las hojas para, por fin, saborear una de las 13 variedades de tamales que “El Abuelo” vende en aquella esquina conocida por muchos.

Hay tamales para todos los gustos… De carne: ranchero, costilla y elote; de pollo: pibil, pipián, mole y chipilín; bollitos: normal, coco con piña, fresa y pasitas; chancletas: frijol y rajas con queso. El toque de salsa habanera es al gusto.

“A los tamales de ‘El Abuelo” es una frase común para los taxistas que viajan hacia la zona norte del puerto de Veracruz rumbo a la esquina en la que mañanas y tardes se encuentra Fernando, quien se ganó su apodo gracias a que su cabello se pintó de blanco a una edad prematura.

Fernando, originario de Tijuana, Baja California, llegó al puerto de Veracruz hace 22 años para vivir con la madre de su hija, sin embargo, viajaba constantemente fuera del estado para trabajar en el ramo gastronómico.

El estilo del sureste mexicano y el toque exquisito que caracteriza a los tamales de “El Abuelo” es un concepto que Fernando conoció en un restaurante de la ciudad de Mérida, Yucatán, en uno de sus viajes de trabajo.

Aunque el sabor de sus tamales se debe en gran parte a la cocción de la masa, el resto es un misterio que Fernando guarda celosamente, pero que replica desde hace 12 años con la misma calidad para que sus clientes sigan buscándolo en aquella esquina.

El secreto se guarda mejor en casa, adaptada como una cocina industrial en la que cinco personas trabajan a marchas forzadas para que la masa de los tamales quede perfecta para que las ollas de aquel bocado precolombino lleguen puntuales a la esquina de JM Palacio y la avenida Veracruz.

Los tamales recién hechos se conservan calientes en las ollas de metal que Fernando lleva en su camioneta deleitan a trabajadores y estudiantes que, por las mañanas, también disfrutan de una cazuela de frijoles que reciben de pilón.

El café, el atole y hasta el tepache que se suele vender por las mañanas en la zona norte de Veracruz quedan mejor con un tamal de “El Abuelo”… Sólo falta decidirse: de carne, de pollo o de dulce.

 

 

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