Cazones, un faro natural 

*En la costa veracruzana, una cadena de ecosistemas con manglares, esteros, playas y arrecifes que atraen a cientos de amantes de la naturaleza

Óscar Sánchez

Cazones, Ver.- En la parte más alta del acantilado, un enorme faro sirve de guía para los navegantes de la mar, pero también para aquellos que navegan las rutas terrestres del Golfo de México.

Cuentan los especialistas que el faro de Cazones de Herrera es vital para la navegación, pero omiten señalar que además es fundamental para la identidad de un pueblo de pescadores y de gente hospitalaria y amable.

Una cadena de ecosistemas se concentran en esta porción de Veracruz, con sus manglares y esteros que conviven con el vaivén de las aguas de sus playas y toda la fauna de los arrecifes.

Un lugar donde los mexicas y luego los totonacas reinaron, allá por el Siglo XV y el XVII, siempre con la mar de aliada hasta nuestros días, donde la caza de los tiburones pequeños fue uno de los sustentos.

Una zona costera con tranquilas playas que atrae a amantes de la naturaleza: playa azul, playa boquilla, playa sur y  playa norte en la Barra de Cazones son un refugio natural de aguas calmas.

La playa Chaparrales es la joya de la corona, un escenario natural con el sonido de las aves migratorias cantando felices, con cientos de tortugas desovando y regresando al mar y con la brisa del mar golpeando la cara de propios y extraños.

Un oleaje que llega a los manglares y esteros con su gran variedad de fauna y flora, de esas que solo los pulmones naturales podrían ofrecer en costas veracruzanas y sus arrecifes con una oportunidad de bucear, snorkeal o simplemente nadar.

Tierra adentro, una selva alta perennifolia con sus árboles de ojites, chicozapotes, cedros, chacas, orejones, uveros, ceibas, higuerones, jobos, anonas, coyoles, palmas, espinos y nopales, en una estampa color verde. Aún pueden verse cientos de conejos, docenas  de mapaches, tlacuaches, tejones, armadillo y unos cuantos coyotes.

Un escenario con la presencia de hombres y mujeres que saben vivir la vida plenamente, con sus danzones, música tropical donando a todo volumen en las casas y bailando son jarocho en las fiestas.

La guitarra, violines, la vihuela y el contrabajo forman parte de la cotidianidad de los pobladores, especialistas en camarones al mojo de ajo, caldo de robalo, manos de cangrejo, pulpos en su tinta, mole, adobo y su chileajo de cerdo.

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