El espacio del café sensorial de Córdoba 

Por Miguel Ángel Mauss 
Córdoba, Veracruz.-Desde el interior de un edificio erigido en el corazón de Córdoba, emanan aromas que remiten a fincas, tostadoras y molinos cafetaleros.
Justo frente al parque 21 de Mayo, una estructura con  imágenes del aromático y un jardín de 250 metros con una finca muestra de 33 cafetales y 11 variedades distintas dan vida al Museo del Café.
Una sencilla puerta de madera y ventanales circulares abren los ojos de un  lugar que fomenta el arraigo del café, principal producto de la ciudad, cuyo primer cultivo se atribuye a Juan Antonio Gómez de Guevara en la Hacienda de Guadalupe en 1878.
Al cruzar el umbral el mural “Identidad Cafetalera”, creación del artista cordobés Erick Manuel Mendoza, una línea del tiempo muestra la transición de la industria del café que se tenía en las haciendas cafetaleras recibe a los visitantes.
Una despulpadora marca Jhon Gordon, una majadora que utilizaba diesel o petróleo y una pulidora que ya no se emplea tanto. La mayoría era maquinaria londinense.
Una sala  interactiva con pantallas digitales muestra la  historia, leyendas, rutas y variedades, así como los  países productores, medidas, proceso del grano.
Foto: Especial
La “Choza de Proceso”, un espacio para mostrar cómo se procesaba el café antes de su industrialización, en la que se ubica una cama africana para secar el grano de manera inocua e impoluta.
Y una variedad de bebidas preparadas con esmero y dedicación por  cuatro baristas encabezados por Armando Villegas muestras la fase sensorial del lugar.
Junto a una serie de fotografías y la historia de Eufrosina Sarmiento “La negra Moya”, conocida en la ciudad por ser líder de 200 desmanchadoras de café, una barra de Degustación de la explota los sentidos.
En la misma área, 30 variedades de bebidas alusivas a la ciudad de Los  30 Caballeros muestran las bondades del café.
Se ofrecen siete procesos de extracción, como la prensa francesa, Aero Press, V60, Chemex, Sifón Japonés, Kleber y Cafetera de Expresso Semiautomática y una bebida especial llamada “La negra Moya”.
Entonces, el cuerpo se llena de una emoción y el aroma inunda las neuronas que provocan una satisfacción que relaja los sentidos.
Foto: Especial
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