Pyramid Center: el edificio que llora

Aníbal Santiago

Ciudad de México (CDMX).- En los insondables secretos de la capital del país hay uno asombroso, y está asociado al faraón Ramsés II. En esta urbe donde nos tocó vivir, a 12 mil kilómetros de El Cairo -donde están las pirámides de Keóps, Kefrén y Micerino- existe una cuarta pirámide egipcia. ¿Pirámide egipcia en la Ciudad de México? Sí, profundo enigma del que tenemos una sola certeza: esa pirámide no se alza en las orillas del Río Nilo, sino en las orillas del Río Churubusco.

No hay pruebas de cómo se construyeron las tres remotas pirámides de la desértica Meseta de Guiza. Una hipótesis es que los esclavos egipcios subían por una rampa los bloques de piedra que impulsaban trineos. En contraste, sí sabemos que para la cuarta pirámide egipcia-chilanga fueron necesarios muchos albañiles. ¿Qué motivación tuvo don Ibáñez Gill, su arquitecto, para crear en los años 80 este portento arquitectónico? Quizá construir un edificio pomposo para que su Cleopatra mexicana cayera enamorada. Quién sabe. Arriba del piso más elevado, el séptimo, don Gill montó una estructura de roca labrada con dos palabras que dicen “Pyramid Center”. Las 13 letras simulan misteriosos jeroglíficos egipcios, realzados por dos toques artísticos muy propios de la colonia Portales: un par de antiguos tinacos blancos desde donde se surte el agua a decenas de oficinas (ver foto). Porque el Piramyd Center, aunque se lo calumnie y se lo acuse de abandonado y sucio, está vivo.

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Ah, y existe el consultorio psicológico Castellanos por si andas depre. El único pero que tiene es que en efecto ahí curan tus aflicciones, pero cuando termina tu terapia y se te ocurre ver por la ventana vuelves a deprimirte: observas el espeso, brumoso y cenizo Circuito Interior repleto de coches que a vuelta de rueda descargan torbellinos ardientes de contaminación hacia Coyoacán. Hace segundos te creías como nuevo y sales algo apachurrado.

Hace casi medio siglo este edificio vivió una época de gloria y orgullo: en su entrada se encuentra la gigantesca estructura de la antigua marquesina, el directorio hacia calle donde se informaba cuáles eran sus oficinas. Ya solo queda su esqueleto, que en el estacionamiento del edificio le hace sombrita a un Renault 5 color vino: auto modelo 1982 o por ahí que no se mueve desde que López Portillo devaluó el peso, a juzgar por las miles de capas de polvo que lo cubren. Está más polvoso que el sarcófago de Tutankamón.

El Pyramid Center es triangular como cualquier pirámide (los pisos inferiores son largos y se van acortando hacia lo alto), y su exterior está forrado con cristales tornasol violetas, verdes, azules, pero por efecto de la vejez se les están derritiendo los colores. Son como un ancianito que llora el tiempo y las humillaciones. ¿Humillaciones? Así como lo leen. Eché un ojo en las redes a lo que la gente piensa del edificio y me dolió el corazón. Ahí les va. Ricardo Ward: “Horrendo”. Arturo Damm: “espantoso”. Sam Rodríguez: “mentada de madre”. Ramon Mew: “una mierda”. Mario Arredondo: “ganador del diseño más feo”. Miguel Burkle: “cada que lo miro me arranca carcajadas”. Jaime Dávila: “inconfundible por feo”. Tarsicio Sañido: “feo con f de futa madre”. Brisa Capri: “referente de lo feo en las clases de diseño arquitectónico”. Compañere: “Los últimos tres pisos parecen madrigueras”. Belleza: “el edificio más feo de la ciudad”. Shogunato: “cosas culeras y el Pyramid Center”.

¿Qué tal? ¿No es excesiva la crueldad humana con un desdichado edificio que ni defenderse puede?

Si creían que era todo, error. El museo MUAC hizo un concurso de pasarela llamado “Disfrázate de tu edificio favorito”. Cuentan que un tal Lenin Conde se disfrazó del Pyramid Center y modeló ante el público. Al parecer, el ataque de risa fue tal que hubo que atender de urgencia a dos o tres asistentes por riesgo de asfixia.

Soleado como verano egipcio, el día que fui al edificio pedí que me contara alguna historia al señor que cuida el Pyramid Center desde hace 17 años. Me apuró a que preguntara con un: “a ver”.

-¿Cómo está el edificio?

-Bien.

-¿Ha habido dentro alguna historia macabra?

-No.

-¿Hay fantasmas?

-No.

-¿Alguna vez se metieron a robar?

-No.

-¿Está bien conservado?

-Sí.

-¿Está orgulloso de cuidar un edificio histórico?

-No sé. Y ya me tengo que ir.

Agradecido por el valioso testimonio, me despedí del Pyramid Center. Ya solo me queda darles un consejo: si les apasiona el antiguo Egipto, visítenlo. Y no olviden ver en todo lo alto sus bellos tinacos, poderosos como faraones.

 

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