Planta Xotepingo: la casa de Agua y del agua

Aníbal Santiago

Agua, la gata parda que sobre una barda vigila la Planta de Bombeo Xotepingo, al descubrir que invado su guarida suspende la rutina: su mandíbula deja de triturar las croquetas amontonadas en una cesta, gira su cabeza y me observa sin distraer su estado de alerta ni para maullar. Cola inmóvil, lomo inmóvil, cuello inmóvil. Si no fuera porque la brisa helada de la mañana mueve sus bigotes -prueba de que es un animal con sangre que respira-, Agua es una porcelana inanimada. Atenta a mi cámara -para ella un peligro-, siempre estática me mira dos, tres, 15 segundos. En cualquier momento saldrán rayos láser de sus ojos verdes.

Con sigilo, en pasos cortos y temerosos como si me fuera a embestir una chita, me acerco a la gata a la que dieron nombre dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno. No deseo importunarla pero sí quiero ver atrás de ella. Ante mi aproximación, va alzando la cabeza. Respeta mi misión: descifrar qué se oculta en el almacén de la planta que hace 84 años recibía el agua de Xochimilco para distribuirla hacia la Ciudad de México.

Atrás del felino alerta diviso los muebles de su casa, en la que Agua se escabulle: válvulas, mangueras, tuberías, cisternas, bombas, tableros. Todo oxidado, encimado, desvencijado, mugroso, arruinado y barnizado con la pátina del olvido, pero todo azul. ¿Por qué? Porque todo en este desastroso patio que evoca a Chernobyl después del accidente nuclear sirvió al agua (el líquido, no la gata), y aunque el agua no es azul sino transparente, la pensamos azul. En un viejo panel de instrumentos leo “Liquid level” y eso lo entiendo, a diferencia de lo demás: los otros fierros tienen siglas enigmáticas: X0 X1 X2, Sapol, SAS 330.

Flotan secretos magnéticos en este complejo acuático semi abandonado y vital para que desde los años 40 se ducharan, bebieran y regaran sus plantitas millones de mexicanos de la capital del país, entre ellos Dolores del Río, Javier Solís, Horacio Casarín y Lázaro Cárdenas. En los días de ese México distinguido que fascinaba al mundo, el querido “Tata”, presidente General de División, vino a inaugurar la “Estación de Bombeo Xotepingo”. Su construcción y la fachada con dos columnas de vitroblock, ultra geométricas, son funcionalistas. Es decir, lo guía el principio de que un edificio debe crearse con base en su función, no en su belleza. Si es así, a los arquitectos se les botó una válvula mental: la planta es imponente y bellísima.

Alicia Ríos, empleada de la planta desde hace 30 años, acepta hablar. “Desde 2022 se ve exquisita pero antes de remodelada estaba tenebrosa. Disculpe la expresión, estaba de-la-chin-ga-da”, dice.

-Explíqueme.

-Todo abandonado. Tanto que venían los teporochos del rumbo a echarse un traguito. ¿Le cuento otro secreto?

-Ajá.

-Antes de servir al bombeo aquí traían a los muertos para auscultarlos: esto era la SEMEFO. Si me trae el permiso del Sistema de Aguas lo paso a que vea: adentro siguen las planchas.

Ya no se oye el macabro deslizamiento metálico del soporte donde los cadáveres miraban al techo, pero suena a la maquinaria de una planta aledaña, la Periférico I, que tras el mural de un buzo aún bombea. Pero la planta suena, sobre todo, a laboratorio: aquí operan los discretos científicos de bata blanca que en la Subdirección de Control de Calidad del Agua analizan muestras sospechosas del agua chilanga. Turbias, patógenas, de mal sabor.

Si vas y quieres entrar, el oficial Castillo te detendrá: “prohibido el paso, señor”. No te agobies, en el perímetro de la planta hay mucho que espiar. Y si no te basta, camina en Xotepingo, este antiguo barrio creado para los trabajadores de la planta con casitas de teja estilo Caperucita Roja y calles de nombres encantadores como Caléndula, Madroño, Peonia, Siempreviva. Echa a ojo la decadente escultura de la diosa del agua Chalchiuhtlicue (más abandonada que la planta) y camina entre fresnos blancos, agaves azules, lavandas y durantas verdes del parque que se abre frente al edificio funcionalista.

Y algo clave: llévale a Agua (a la gata, no el líquido) un sobre de sana y deliciosa comida para gatos ¡líquida! (aquí todo es con agua). Que sea de salmón: dicen los vecinos que la cuidan que es la debilidad de Agua.

 

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