Soconusco, tierra de la sal azteca

*En un pueblo del sur veracruzano que conserva su cultura y tradición, mantienen vivo un antiquísimo pozo de sal invocado a los dioses por Moctezuma Xocoyotzi, el último Emperador Azteca

Nadia Carrión

Soconusco, Ver.- Los murales que pululan por doquier, convierten a Soconusco en un pueblo colorido. Conserva su cultura y tradición, gracias a la calidez y unidad de su gente.

En sus entrañas, guarda una tradición milenaria, una que proviene de Moctezuma Xocoyotzi, el último Emperador Azteca. De boca en boca y durante décadas y centurias, una costumbre que se volvió hábito.

Las leyendas cuentan que Moctezuma Xocoyotzi, visitó el pueblo de Soconusco en compañía de su poderoso ejército, ese con el cual mantenía sometidos a docenas de pueblos del Golfo de México.

A sus solados, el Emperador Azteca ordenó construir un pozo de agua para no morir de sed, pero a pesar del esfuerzo, jamás brotó el vital líquido. En su desesperación, ofreció o su ejército a los dioses a cambio de agua, pero el derrame de sangre provocó la furia de las deidades.

En venganza, porque los dioses también se vengan, le otorgaron sal en un pozo, un hoyo, que en la actualidad es considerado sagrado para la población de esta región indígena.

Cada año durante los meses de abril y mayo, en medio del canto de un ave, conocida como “salinera” o cenzontle, el pueblo se congrega para extraer la sal de ese hoyo centenario.

Cuando el cenzontle, trepado en los árboles de guanábana, mango o cocuite, lanza su canto, el pueblo sabe que el agua está lista para convertirse en sal. Y entonces se ofrece un ritual a los dioses, se congregan los lugareños en la salina, hacen tamales, prenden copal y realizan un rosario.

Deben de estar en paz, sin envidia, ni disgustos, se cree que existen chaneques que cuidan el pozo y si hay tensión en el ambiente retienen la cubeta y no se puede sacar, hasta que se pidan perdón.

Una vez se extrae el agua del pozo que se encuentra a ras de suelo, cubierto de madera, se pone a hervir hasta por 12 horas, hasta que quede la consistencia de la sal.

El proceso se vuelve todo un espectáculo, docenas de pailas con fuego distribuidas en un campo abierto, y una gran cantidad de leña al rojo vivo para continuar con el proceso.

“La feria de la sal”, le dicen en los pueblos. Se reúne ciudadanos de municipios aledaños, como Acayucan, Jaltipan, Chinameca, Oluta, Texistepec y Minatitlán.

Se convierte en una feria cultural, donde llegan artesanos a ofrecer sus productos, que van desde pulseras, playeras, miel, ollas de barro.

Los atletas compiten en las carreras deportivas y ganaderos participan en la cabalgata que inicia en la entrada del pueblo hasta llegar al Ejido Benito Juárez donde se ubica “La salina”.

 

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