Gustavo, arte sobre jícaras

*En las montañas verdes de Jalcomulco, el artesano hace con las raíces de los bejucos lámparas y atrapasueños

Inés Tabal G.

Jalcomulco, Ver.- En el corredor de una casa de techo de teja está Gustavo, con su segueta y fuerza corta con precisión un fruto esférico color verde.

Las montañas verdes que son tapizadas por las hojas de los árboles de mango son el principal distintivo de Jalcomulco, el río que atraviesa el municipio lleva a conocer una de las artesanías principales fabricadas con jícaras.

Jalcomulco es un pequeño municipio ubicado a una hora y 41 minutos de Veracruz y tan solo una hora de Xalapa, conocido por sus rápidos y el ecoturismo.

En el corredor de una casa de techo de teja está Gustavo, con su segueta y fuerza corta con precisión un fruto esférico color verde. Con cuidado de no hacer un mal trazo abre la jícara, para después sacar la semilla de su interior.

El fruto se aprovecha al máximo, las semillas son fermentadas con alcohol para formar una especie de jarabe, que según los pobladores ayuda con las enfermedades respiratorias.

Posterior a ese primer paso pondrá a secar al sol el cascaron vacío hasta que tome una tonalidad café, este producto que proviene del árbol de jícaro se convertirá en una artesanía que podrá ser usada como plato, recipiente o adorno de alguna mesa para un turista.

Desde hace cinco años lleva haciendo este procedimiento todas las tardes, luego de haberse jubilado como maestro decidió emprender su negocio de artesanías Aketzali, junto con su esposa quien es la que administra el local.

Realizan toda clase de manualidades con frutos como la jícara, los bejucos, bambús y guajes que son conocidos por los pobladores como calabazos para agua o güiros.

Estos recipientes provenientes de la naturaleza eran utilizados por sus ancestros como la vajilla principal en sus mesas, para portar agua o algún otro líquido, actualmente es el sustento de los pobladores de Jalcomulco.

“Mis padres fueron quienes me enseñaron a hacer todo esto, antes ellos lo hacían, pero solo para uso personal, yo compro las jícaras a los señores de aquí que tienen sus árboles, antes nomás se echaban a perder, ahorita ellos ganan y se les da otro uso”, dice Gustavo.

Con las raíces de los bejucos hace lámparas y atrapasueños, mientras que con los bambús fabrican sillones, hamacas y mostradores.

El interior de su taller se encuentra tapizado por estos productos naturales en proceso de convertirse en obras de artes en las manos de Gustavo, cada pieza con el amor y sello característico con el que sus papás le enseñaron y con el que ahora le enseña a sus hijos y nietos.

 

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