La garra del diablo en el puente

Por Gisela Uscanga

Coatepec, Ver.-Entre la maleza aún logra observarse un majestuoso puente con  casi 400 años de antigüedad que se mantiene firme al paso del tiempo y los desastres naturales. Su construcción se le atribuye al diablo, quien dejó su huella: una garra en la parte baja de la estructura.

La historia de un amor prohibido es parte de la leyenda que conservan los habitantes de El Grande y El Chico, dos poblaciones de la periferia de Xalapa, la capital del estado.

En el tramo carretero estatal Xalapa-Coatepec, se ubica el “Puente del Diablo” con 62 metros de largo y casi seis metros de ancho. Y un solo arco de medio punto, de sillería, casi a una distancia de 13 metros de alto a partir del espejo de agua.

El puente es también una joya arquitectónica de la época colonial junto con el de La Antigua (municipio del mismo nombre) antes conocido como el Puente del Rey,  son de los pocos que se conservan en Veracruz.

Según cuenta la tradición popular, el conde Hernández de la Higuera, su esposa y dos hijos fundaron una gran hacienda en éstas tierras fértiles, regadas por el río Pixquiac.

De generación en generación, cuentan que  al hijo mayor lo llamaban, el conde grande, y al menor, el conde chico.

Un día, el conde grande, Francisco de Hernández de la Higuera, conoció a una hermosa mujer, hija de un hacendado español que vivía al otro lado del río. Impresionado por su belleza, intentó relacionarse con ella, pero el padre de la joven se opuso a esa relación.

Foto: Gisela Uscanga

Él no se dio por vencido y logró establecer correspondencia con la dama, acordando una cita una noche por entre las rejas de su casa. El día esperado llegó, pero una furiosa tempestad provocó que las aguas del río Pixquiac subieran de nivel destruyendo el puente de madera que comunicaba ambas haciendas.

En una orilla del afluente esperó a que las aguas bajaran, pero esto no sucedió, la tormenta era implacable. Esa noche, cuentan, inesperadamente se apareció el diablo, quien ofreció al enamorado construir un puente a cambio de su alma.

Francisco aceptó con la condición de que la estructura la terminara antes del primer canto del gallo.

El demonio se puso a trabajar, mientras el conde desconsolado oraba suplicando a Dios que salvara su alma, pero sobre todo que el gallo no cantara, con la promesa de construir una capilla.

La luz rojiza comenzó a vislumbrarse en el horizonte, preludio del amanecer; Satán estaba por terminar el puente.

La nana mulata del joven Francisco pasaba por ahí, le pidió una explicación y éste le contó lo sucedido, y entonces decidió ayudarlo.

Cuando la hora fijada estaba a punto de llegar y el diablo se disponía a colocar la última piedra para poder cobrar su premio, la nana emitió perfectamente un gallo, despertando a todos los demás para que con su canto se anunciara el amanecer.

Foto: Gisela Uscanga

El diablo al escucharlo se sintió vencido e intentó destruir su obra, pero fue demasiado tarde, no pudo y en su intento solo alcanzó a dejar la garra en la parte baja del puente.

Al despuntar el alba, los lugareños acudieron a contemplar aquella magnífica obra, entre la multitud se encontraba el hacendado y su hija, quien conmovido por lo que había provocado su negativa, aceptó el cortejo y días después se celebró la boda.

Desde entonces el Puente del Diablo ha permanecido de pie y firme desde su construcción (1590 aproximadamente) y jamás ha vuelto a ser destruido por las caudalosas aguas del río.

Junto al puente se ubica el ingenio de la Santísima Trinidad, conocido por los habitantes como el ingenio Grande o El Grande, el cual a finales del siglo XVI e inicios del XVII, fue el más importante productor de mieles, panela, azúcar y exportador de caña de azúcar y otras frutas de toda el área.

En el Puente del Diablo también se llevó a cabo una batalla para obtener el control del pueblo de Coatepec, durante la Guerra Civil de 1810. Este lugar era estratégico porque lo comunicaba con las haciendas y  el camino real.

Los insurgentes ganaron el control de Coatepec en 1811 y en 1813 lo perdieron con los realistas.

La antigua infraestructura se localiza a 12 kilómetros, al Sur de Xalapa, junto al pueblo de El Grande, donde confluyen los ríos Pixquiac y Sordo.

Foto: Gisela Uscanga
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