La filial del infierno en la tierra de Joseph Roth

*En este volumen vemos una reunión de artículos en los cuales Roth comenta, critica y analiza el exilio desde varios puntos de vista: el religioso, el nacional, el personal, el de la lengua y el sentimental.

Rodolfo Mendoza

Joseph Roth nació en la Galitzia oriental, lo que hoy es Polonia, tuvo que exiliarse en Alemania y otras ciudades para huir de los regímenes totalitarios. La vida de Roth estuvo marcada por el alcohol. Todas las biografías escritas sobre él, los testimonios de sus amigos, las cartas con escritores, su propia obra estaba escanciada por el vino. De su muerte existen, al menos, dos versiones: una de ellas dice que murió en París de un colapso cardiaco bebiendo en un bar; la otra cuenta que murió de neumonía en un hospital parisino en el que no tenían antecedentes de su alcoholismo y la mala atención médica le provocó la muerte. Sea como fuere, Joseph Roth sufría ya de delirium tremens, le fue imposible toda su vida dejar de beber, decía que este mundo no podía curarlo de sus dolencias, aquellas dolencias de las que sufren también sus personajes: dolores espirituales, por decirlo de alguna manera. Roth fue toda su vida un incomprendido, se le conocía como un mitómano incorregible, gustaba contar historias tan fantásticas como inexistentes de su participación en la Primera Guerra Mundial, presumía de haber sido condecorado, de haber sido teniente, de contar con los favores de los Habsburgo; en fin, la imaginación desbordada de Roth no era exclusiva de la página, sino de su vida misma.

Fue su amigo Soma Morgenstern quien nos cuenta detenidamente los años de exilio de Roth en Huida y fin de Joseph Roth; ahí vemos lo que ha sido el exilio para los europeos del centro y del este y, en particular, el de Roth. Para ellos el exilio es una cuestión casi natural, orgánica; un asunto al que deben acostumbrarse desde niños; un, sin serlo, proyecto de vida; pues para ellos es innegable el hecho de que deben abandonar su casa, su tierra y sus posesiones. En realidad (y para sólo hablar de los dos grandes escritores que hemos mencionado: Roth y Morgenstern) ellos siempre tuvieron el sentimiento de que nunca fueron poseedores de algo; ni de su casa, ni de sus libros, ni de su familia, y ni siquiera de sus sentimientos; pues todo se regía a un no-lugar.

El exilio es el entregarse a otro lado, sin saber cuál. Porque no es lo mismo hacer un exilio voluntario en donde uno elige qué llevarse y a dónde, a tenerse que ver en la obligación de dejar la tierra nativa y tomar un camino incierto sin nada en las manos, y con apenas lo llevado sobre el cuerpo y la memoria.

El que se exilia se niega a sí mismo, se obliga a negar su patria, su lengua, su religión, y tiene que tomar una nueva forma en el mundo. El caso por antonomasia es el de los judíos: personas que desde tiempos remotos se han visto obligados a encaminar sus pasos por la tierra y teniendo que mutar en diferentes nacionalidades, lenguas y costumbres cotidianas, pero manteniendo, en la mayoría de los casos, una comunión religiosa.

De eso trata, precisamente, La filial del infierno en la tierra, del exilio. En este volumen vemos una reunión de artículos en los cuales Roth comenta, critica y analiza el exilio desde varios puntos de vista: el religioso, el nacional, el personal, el de la lengua y el sentimental. Roth, lo sabemos, es una de las mentes más preclaras de todos los tiempos, y la selección de artículos de prensa que reuniera El Acantilado dan muestra de una lucidez que, a más de sorprender, nos deja prendados de una lectura que es al mismo tiempo fascinante como atroz.

Compartir: