Tomatlán y el pan de los abuelos

*En la panadería San Miguel, la masa se mezcla a mano en tinas metálicas y se sumerge en hornos calentados a la leña; en cada pan se refleja el esfuerzo de toda la familia

Miguel Ángel Contreras

Tomatlán, Ver.- El horno, construido hace más de medio siglo, sigue siendo el corazón del negocio. Cada madrugada se enciende con leña seca, que da al pan un sabor y textura que difícilmente se logran en los hornos modernos.

En el centro del pueblo, la panadería San Miguel mantiene encendida una tradición que ha pasado de padres a hijos durante tres generaciones. Entre el olor a leña y el calor del horno de piedra, la familia Contreras Llanos conserva la manera antigua de hacer pan: sin máquinas, sin gas y con el mismo cuidado de siempre.

“Así lo hacían los abuelos, y así se sigue haciendo”, dice uno de los integrantes de la familia mientras acomoda las palas de madera para la primera tanda de pan recién horneado.

En el interior del taller, el proceso es completamente artesanal: la masa se mezcla a mano en tinas metálicas, se amasa sobre tablas y se deja reposar hasta alcanzar el punto exacto.

De ahí salen las piezas que distinguen a la panadería: hojaldras, conchas, coloradas, muertitos y pan de yema, productos que se han vuelto parte de la vida cotidiana y de las celebraciones del pueblo.

Durante la temporada de Día de Muertos, el trabajo se multiplica. El horno no se apaga y las tandas se suceden una tras otra. En cada pan se refleja el esfuerzo de toda la familia, que participa en distintas etapas: unos cortan la leña, otros amasan, otros acomodan el pan en el horno o atienden a los clientes que llegan desde temprano.

La Panadería San Miguel es más que un negocio familiar, es parte de la historia de Tomatlán.

En sus paredes de adobe y su horno ennegrecido por el humo se guarda la memoria de quienes iniciaron el oficio. A pesar del paso del tiempo y de los cambios en el mercado, el lugar se mantiene fiel a su origen, demostrando que la tradición también puede ser una forma de resistencia.

En cada pieza que sale del horno hay algo más que pan, trabajo, historia y el calor del fuego y del tiempo.

 

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