*El Cristo de la Agonía, una antigua escultura de madera que se encuentra en el templo de San Juan Bautista, es una de las imágenes religiosas más veneradas del Pueblo Mágico; su historia está ligada a una particular expresión de su rostro que, según los devotos, parece cambiar dependiendo del ángulo desde el que se observe
Miguel Ángel Contreras Mauss
Coscomatepec, Ver.– El Cristo de la Agonía, una escultura de madera que forma parte del patrimonio histórico y espiritual de Coscomatepec, no es una imagen cualquiera: se trata de un Cristo vivo que representa los últimos minutos de vida de Jesús.
Un error de logística puso a este Cristo en este municipio clavado en las montañas veracruzanas: cuenta la leyenda que originalmente debió estar en la ciudad de Xalapa; sin embargo, cada que se intentaba mover, ocurría un fenómeno natural que lo impedía.
El templo de San Juan Bautista guarda celosamente una de las piezas religiosas más valiosas para este Pueblo Mágico. Sólo hay tres en el mundo: la imagen original se encuentra en Limpias, Cantabria, España; mientras que otra réplica está en La Habana, Cuba.
El encargado del Museo de Coscomatepec, Sergio López Estévez —uno de los conocedores del patrimonio histórico y cultural del municipio—, recuerda que cada 14 de septiembre, el templo se convierte en punto de encuentro para los devotos que acuden a venerar la imagen.
Para la comunidad, la fecha representa mucho más que una celebración religiosa, es una tradición que forma parte de la identidad de Coscomatepec.
“Una de las características que más llama la atención del Cristo de la Agonía es el realismo de su rostro: la expresión refleja dolor y sufrimiento, mientras que sus ojos se encuentran dirigidos hacia el cielo”, explica.
Además, la expresión del Cristo parece cambiar dependiendo del ángulo desde el que se observe, una particularidad que durante generaciones ha provocado asombro y devoción entre quienes se acercan a la imagen.
“Si observan bien, en su vientre también se le puede observar otro rostro”, describe.
López Estévez recuerda que la imagen se convirtió en símbolo de fe y protección para la comunidad, mientras que numerosos fieles le atribuyen favores y milagros.
Quizá sea la expresión de sus ojos, el rostro que parece transformarse según la mirada o las historias de favores concedidos, pero lo cierto es que, siglos después, el Cristo de la Agonía continúa despertando la misma mezcla de asombro y devoción entre quienes se detienen frente a él.






