*En Mrożek no hay temas ajenos, sus cuentos van de las parodias de cuentos infantiles a las burlas a los sistemas políticos, pasando por las imitaciones chuscas a otros autores o las caricaturas absurdas de estos.
Rodolfo Mendoza
Cuando en 1967 Sergio Pitol tradujo la Antología del cuento polaco contemporáneo muchos de los nombres publicados en aquella primera edición eran casi desconocidos por los lectores de lengua española. Al paso de los años, Jaroslaw Iwaszkiewicz, Bruno Schulz, Witold Gombrowicz y Jerzy Andrzejewski se volvieron nombres comunes a los lectores mexicanos. Empezamos a ver en diferentes editoriales traducciones del mismo Pitol y de otros estudiosos de las literaturas eslavas como Juan Manuel Torres y Presa González. Editoriales como Seix Barral y Tusquets en los años setenta pusieron a nuestro alcance una serie de obras fundamentales no sólo de la literatura polaca, sino de las letras universales. Más adelante fue la editorial Anagrama quien acercó a nuestras manos otra remesa más de autores polacos. Y, a partir de la década de los noventa y principios de este siglo, corresponde a la editorial El acantilado darnos una muestra de la actual literatura polaca. Son varios los autores que ha publicado, pero dos, fundamentalmente, aparecen en su colección “Narrativa del Acantilado”: Sławomir Mrożek y Andrzej Stasiuk.
Nos interesa aquí hablar del primero: Sławomir Mrożek, autor prolífico nacido en Polonia en 1930. La obra de Mrożek se puede dividir en dos grandes facetas, la de dramaturgo y la de narrador, esencialmente cuentista. De entre sus títulos hay que destacar las novelas: Corto es el verano y Siempre hacia el sur; y los libros de cuentos Juego de azar, La vida difícil, Dos cartas, La maleta, Cuentos radiofónicos, El elefante, Los portaplumas y El árbol.
Para el lector que los nombres como Rósewicz, Borowski, Prus, Sienkiewicz, Reymont, Czeszko o Stachura no le son ajenos, recordará que la obra de estos o los citados al inicio de estas líneas es una obra profunda, seria, analítica y crítica ante el sistema político, la condición humana, la razón y los sentimientos.
En Mrożek no hay temas ajenos, sus cuentos van de las parodias de cuentos infantiles a las burlas a los sistemas políticos, pasando por las imitaciones chuscas a otros autores o las caricaturas absurdas de estos. Su mirada aguda le permite diseccionar cada parte de los actos humanos: sus obsesiones, sus ambiciones, sus temores. La literatura de Mrożek es una literatura ácida, chirriante; las carcajadas del lector son carcajadas a medias, pues uno no puede evitar verse retratado en alguna parodia, en alguna caricatura de las que Mrożek nos presenta en El árbol.
