Dolor de Vladimir Holan

*En Holan podemos encontrar algo de Kafka, de Meyrink, de Perutz, de Werfel, de Capek.

Rodolfo Mendoza

Poesía Hiperión no sólo ha publicado a algunos de los más importantes poetas de nuestra lengua —de España y de América—, sino que ha puesto los ojos en muchos poetas de todas las lenguas para verterlos al español.

Uno de ellos ha sido el gran poeta Vladimir Holan, considerado el mayor poeta checo del siglo XX. Nacido en Praga (de la cual apenas salió en dos ocasiones a Italia y una a París), transcurrió su infancia en el campo, de donde le vienen muchos de sus temas principales. A los catorce años volvió a Praga en donde le tocó vivir la guerra, la ocupación nazi y la llegada del comunismo. Holan se convirtió en el poeta nacional, le cantó a la URSS y al Ejército Rojo, aunque años más tarde —en 1948, para ser más específicos— fue condenado por el comunismo acusado de “formalismo decadente”, una de esas etiquetas de las que tanto gustaba el funesto régimen para expulsar, denigrar, asesinar y acallar a sus intelectuales y poetas. Si se recuerda es el mismo caso que vivieron muchos poetas e intelectuales en la Cuba perennemente castrista.

Holan sufrió el encierro, de donde proviene la mayor parte de su obra y acaso la más importante. A partir de 1963 los ojos del mundo voltean hacia Praga y hacia su poeta fundamental. Es así como se empiezan a publicar y traducir sus libros. Recibe infinidad de premios nacionales e internacionales.

Dolor es uno de sus libros capitales y que pertenece a su periodo de más fuerte aislamiento: “llegó el tiempo de callar (…) existe la mordaza y existe también la cruel pregunta: ¿por qué escribir (…) Por supuesto hay momentos, y pueden durar años, en que al hombre no le queda sino hablar consigo mismo”. Esa es la voz del poeta recluido en su casa del centro de Praga, la voz del poeta condenado al encierro y al silencio. Pero no se piense, en modo alguno, que ese retiro forzoso de Holan lo tenía aislado del mundo. Aislado estaba, sí, de su ciudad, pero no así de las vanguardias europeas, mismas que a través de sus colegas poetas pudo conocer y, en algunos casos, sentirse acompañado por los surrealistas, por los futuristas, por Dadá.

Aunque Holan había escrito: “Todo, hasta el mismo silencio / tiene algo que callar”, él no fue precisamente el más silencioso de los seres; así se comprueba en Dolor en donde lo que más intenta el poeta es hacerse oír.

Vladimir Holan es de esos poetas a los que no se les escapa nada. El lector puede identificar ciertos temas caros a Holan: el dolor —evidentemente—, el tiempo, la soledad, el “decir” poético, la verdad del hombre; pero podrá ver también que para llegar a esos temas se vale de la cotidianeidad del espíritu, de la visión que tiene el hombre de su época.

Algo dejará Praga en el espíritu de sus poetas (por algo Ripellino nos regaló aquél fantástico volumen Praga mágica) que los hace tener temas en común. Aquel célebre y celebrado verso de Rilke: “Todo ángel es terrible” los vemos mutado en Holan como “Toda mujer hermosa es cruel”. En Holan podemos encontrar algo de Kafka, de Meyrink, de Perutz, de Werfel, de Capek. En Holan podemos encontrar toda Praga: la mágica y la de la buhardilla del propio Holan.

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