*En el pasado una muralla de pinos acompañaba el camino por Veracruz: el parque Los Pinitos, heredero de la vieja “Pinera” que alguna vez extendió su sombra por buena parte de la ciudad
Diana Rojas
Veracruz, Ver.- Los intensos rayos del medio día son un murmullo al resguardo de la frondosidad de cientos de árboles, entre ellos: pinos, almendros y palmeras, las cuales tienen toda la libertad de extenderse y dejar correr las raíces.
Los árboles crecen tanto que las copas llegan a tocarse creando un techo natural por el que apenas y pasa la luz del sol. El ambiente es tan apacible, natural, inclusive las líneas de crecimiento de cada arbusto están cuidadas.
Parecería que la vegetación siempre estuvo ahí, sin embargo, no es así, cada pino que bordea la avenida fue transportado, plantado y cuidado con esmero.
En la zona portuaria de Veracruz, antes de subir el puente Morelos que lleva al centro de la ciudad de norte a sur, se ubica un área verde que resguarda más de lo que aparenta: antes de la década de los ochenta, la avenida que hoy en día se conoce como Boulevard Fidel Velázquez se llamaba Circunvalación.
Es ahí, justo antes de llegar a la famosa pescadería del puerto, que se encuentra la zona que por mucho tiempo se llamó “La Pinera”, mientras que hoy es el parque ” Los Pinitos”.
Fue durante el sexenio de Lázaro Cárdenas en 1934, cuando el ingeniero Miguel Ángel de Quevedo fue nombrado jefe del Departamento Forestal. “El apóstol del árbol”, como se le conocía a Quevedo, fue quien mandó a sembrar una muralla de pinos al rededor del puerto.
Los vecinos más antiguos cuentan que desde el puente Morelos hasta la avenida Xalapa, pasando por la avenida Díaz Mirón y el parque Zamora era una hilera de los olorosos ejemplares.
En la actualidad solo en el parque “Los pinitos” se mantienen en pie los altos pinos que parecen prevalecer desde docenas de años a los cambios más drásticos de la ciudad.
Sin retroceder tanto en el tiempo, apenas hace veinte años era una zona llena de pinos, tan boscoso que el follaje oscurecía el cielo, pero por variadas razones la línea ha ido retrocediendo, cediendo a construcciones, calles pavimentadas y bardas.
Al internarse en lo que queda de un recuerdo verde la sensación de aventura es inevitable, donde se pose la mirada se encuentra algo interesante. Desde las ramas suspendidas a varios metros del suelo los garrobos observan a los visitantes que pasan desprevenidos por su hogar.
El parque es un lugar agradable que ofrece instalaciones para practicar básquetbol, fútbol rápido, voleibol, patinaje y lo que el usuario decida hacer, inclusive hay áreas para niños con toboganes y columpios. Al resguardo de la sombra, la propuesta se amplia con mesas para picnic y asadores.
Cerca de la zona a solo una breve caminata se encuentran ofertas de la especialidad costeña: los mariscos. Los restaurantes con esta especialidad están cruzando la calle, así como la pescadería.
En horas de sol es un excelente lugar para caminar, trotar, hacer deporte o simplemente pasar un tiempo agradable y refrescarse en alguna de las bancas. Sin embargo, los visitantes solo tienen la queja de que falta más alumbrado por las noches, puesto que se vuelve muy espeso el paisaje.




