*Las leyendas hablan de hadas y hasta de un tesoro enterrado, pero quienes cruzan la puerta del hostal en Xico descubren que su encanto está en la calidez de las personas que la habitan y en la antigua casona que entre perros rescatados, jardines y memorias, hace sentir a cualquier viajero en la casa de la abuela
Édgar Ávila Pérez
Xico, Ver.- Los tres apacibles y cariñosos perros recorren sin prisa los antiguos pasillos y reposan entre los verdes y frondosos jardines de la casona.
Bautizados como Calle, Avenida y Camino —simplemente por el gusto de haberlos rescatado del abandono—, los tres hicieron suyo el caserón del centro del Pueblo Mágico de Xico, una morada de mosaicos y tejas que evoca a la casa de las abuelas.
La imagen la completan Ava y Cobre, dos tranquilos gatitos que deambulan con serenidad por la apacible Casa de las Hadas, un refugio para propios y extraños que buscan un rincón donde dejarse abrazar por el encanto de las calles empedradas del pueblo.
Lo que hoy recibe a los viajeros fue, hace más de un siglo, una casona que dominaba una cuadra completa de Xico, pero el tiempo la transformó en un hostal de colores vivos pero apacibles, y arropado por plantas que abrazan cada rincón.
En este pueblo recostado en las faldas del Cofre de Perote, parece que todos guardan una historia sobre la casa: la anciana que vive enfrente recuerda que cuando viajaba a caballo de Coxmatla a Xalapa, hacía una escala obligada entre estos muros para descansar y dar de beber a su caballo.
Y también se cuenta que, hace algunos años, un hombre llegó con un detector de metales convencido de encontrar el supuesto tesoro de monedas de oro y joyas que, según la tradición popular, permanece enterrado entre muros y bajo el suelo.
La leyenda de que estaba embrujada se extendió por la comarca debido a que estuvo abandonada durante años; incluso hay quienes rememoran que un par de trabajadores salieron corriendo porque afirmaban haber visto un fantasma o un espíritu.
Si hay espíritus, cuenta con alegría uno de sus moradores, están contentos de que se le haya devuelto la vida a la casa y se haya intentado conservar la mayor parte de su estructura original, porque jamás se les ha visto hacer travesuras.
Los cuentos de antaño quedaron atrás. Hoy, la casona es un refugio acogedor, una fotografía que nos devuelve a la casa de mamá o de la abuela, a ese lugar donde el tiempo parecía transcurrir más despacio: techos altos, paredes gruesas, el sonido del agua, el viento pasando por las hojas, la quietud… y hasta el fogón encendido.
Y todo gracias a dos hombres originarios de Asheville, Carolina del Norte: Scott y Lalo, quienes encontraron en Xico el sitio perfecto para jubilarse y abrazar una vida serena.
Primero recorrieron Xalapa, la capital veracruzana, una ciudad que les pareció una buena opción para comenzar una nueva etapa; sin embargo, en aquel 2016 llegaron a Xico y el flechazo fue inmediato.
Era fácil enamorarse del pueblo: la calidez de su gente, el clima amable y los niños corriendo y jugando por las calles, como ellos mismos recordaban haberlo hecho durante su infancia. Todo pareció encajar a la perfección.
Ambos eligieron convertirla en un hostal porque querían conocer personas, perfeccionar el español (aunque, admiten entre risas, todavía no se les da del todo) y, sobre todo, porque un lugar tan hermoso merecía compartirse.
“Elegimos Casa de las Hadas porque sabíamos que queríamos un jardín. También nos contaron que los niños de la casa original decían haber visto hadas en el patio. Nos pareció el nombre perfecto”, recuerda Lalo.
Su deseo era que cada visitante se sintiera tan bien recibido como ellos cuando llegaron a México y, más tarde, a Xico, pero consiguieron algo más: quien cruza la puerta de la Casa de las Hadas no solo encuentra historias y recuerdos, sino calidez de sus moradores, una hospitalidad que recuerda el abrazo de las familias mexicanas.
Guadalupe Victoria 54, Centro, 91240 Xico, Ver.









