*Cinco jóvenes de Veracruz y San Luis Potosí unieron dos tradiciones, el son jarocho y el son huasteco, con siglos de historia para crear un proyecto donde el arpa, la jarana, el violín y la quinta huapanguera dialogan sin perder su identidad.
Édgar Ávila Pérez
Xalapa, Ver.- Cuando su música se escucha, suena a autenticidad, novedad, mezcla, frescura y dualidad.
Cinco jóvenes se unieron para conformar Neloa, un nombre que en la lengua náhuatl significa mezclar. Y ellos fusionan dos géneros musicales de profundas raíces: el son jarocho y el son huasteco.
Ambas surgieron de raíces indígenas, españolas y africanas, pero crecieron con identidades visuales, sonoras y líricas completamente distintas; de ahí la complejidad de Neloa.
Desde las profundidades del Sotavento surgió el festivo son jarocho, una fiesta comunitaria; y desde la Huasteca, con su virtuosismo y falsete de la sierra, el son huasteco.
La diversidad de sus integrantes terminó por convertirse en la esencia de Neloa, pues cada uno de ellos nació, creció y vivió la música desde una región distinta y con una tradición musical propia, hasta encontrar un punto de encuentro donde el son jarocho y el son huasteco dialogan con naturalidad.
La violinista Mariel Elena Lara es originaria de Tanquián de Escobedo, San Luis Potosí, tierra huasteca por excelencia; mientras que la jaranera Andrea Melo Hernández nació en Chicontepec, Veracruz, en el corazón de la Huasteca veracruzana.
El ensamble se completa con Enrique Melo Hernández, también de Chicontepec, encargado de la quinta huapanguera; Alexis Ojeda Severo, originario de Tlapacoyan, quien interpreta el arpa jarocha; y Luis Orlando Ojeda Severo, también tlapacoyense, ejecutante de instrumentos de cuerda.
Juntos hacen de sus distintos orígenes una sola voz musical, donde dos tradiciones que parecían distantes encuentran un lenguaje común.
“Nuestra música suena a las dos cosas, porque justamente la idea era plasmar eso y aunque está un poco segmentado, la cuestión melódica, armónica y rítmica tiene ambas”, describe Luis Orlando Ojeda.
Su música –agrega– nos lleva a un viaje a nuestras raíces familiares: al papá, abuelito y a los tíos que tocaban música de la Huasteca y jarocha en la casa, en las plazas públicas y en las comunidades.
Su principal inspiración fue Tlen Huicani, la emblemática agrupación veracruzana que trascendió fronteras al demostrar que el son jarocho y el son huasteco podían dialogar en un mismo escenario.
“Mezclamos los dos géneros, pero en un lenguaje técnico lo que hacemos es tocar sones jarochos y sones huastecos, pero haciendo –por ejemplo– que el violín y los instrumentos huastecos contribuyan y formen parte del ensamble del son jarocho y viceversa”, afirma.
Hoy el grupo –que se ha presentado en distintos festivales, ferias y encuentros– cuenta con una producción discográfica apoyada por el Programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales del Gobierno de México, titulada Sonidos Que Se Comparten.
Y es que en Neloa no se trata de borrar las fronteras entre dos tradiciones, sino de tender un puente entre ellas, en una conversación musical donde ambas raíces conservan su identidad.




