*En el corazón de Xico, la Parroquia de Santa María Magdalena es mucho más que un templo: entre aroma de lirios blancos, neblina y una arquitectura centenaria, resguarda la identidad de un pueblo que cada julio convierte la devoción en una de las celebraciones religiosas más emblemáticas de Veracruz
Carolina Miranda
Xico, Ver.- El aroma a lirios blancos inunda cada rincón del recinto. La estela dulce que deja la flor remite a la pureza, una pureza que solo un recinto religioso podría emanar de manera tan natural.
Aquí, en las faldas del Cofre de Perote, en el antiguo camino de Cortés, se erige la Parroquia de Santa María Magdalena, no solo un centro religioso, sino el centro de todo un pueblo que le rinde homenaje a la Santa con un fervor único.
Un templo católico constantemente abrazado por la neblina surgida de los cafetales, cuya mayor fiesta es en julio, cuando la devoción por la Santa María Magdalena se desborda completamente.
El edificio, que fusiona de manera imponente los estilos barroco y neoclásico, no es solo un centro de fe, es el epicentro donde el arte, la devoción y la historia prehispánica y colonial se entrelazan para dar vida a uno de los pueblos más místicos de México: Xico.
Los arcos florales la engalanan, pero siempre cobra vida con los danzantes multicolores que llegan hasta su atrio para rendir honores a la patrona del pueblo. Los bailes, los cuetes y hasta los cencerros que portan docenas de pobladores la llenan de ruido y color.
Fundada originalmente por la orden de los franciscanos en el siglo XVI, la estructura que hoy recibe a feligreses y turistas se completó a finales del siglo XVIII. Sus torres gemelas custodian una fachada de tonalidades amarillas y blancas, la cual se ha convertido en la postal más icónica de la región.
Al cruzar el umbral del templo, uno se sumerge en una atmósfera de solemnidad reforzada por su bóveda pintada con frescos religiosos y relieves detallados, espacios inmóviles que cobran vida con la fe que surge durante todo el mes de julio.
Si uno de los elementos que más estremece a los historiadores y antropólogos es el realismo de sus imágenes sagradas (la mayoría de las esculturas coloniales del presbiterio visten cabelleras reales, donadas por mujeres xiqueñas), el realismo proviene en el cénit de la fiesta mayor, cuando la Santa sale a recorrer las calles en hombros de los lugareños.
Si bien la iglesia mantiene un ritmo apacible durante el año, en julio transforma por completo el recinto y sus alrededores. Las Fiestas Patronales convierten las calles de piedra en un lienzo de arte efímero.
La Parroquia de Santa María Magdalena trasciende su función eclesiástica, pues para el habitante de Xico, el templo es el pilar de su memoria colectiva, un refugio artístico y el recordatorio diario de que la fe y la cultura popular pueden resistir el paso de los siglos.









