El museo que se escabulle a las calles de Xico

*Las máscaras permanecen inmóviles tras el cristal del Museo del Danzante Xiqueño, pero basta caminar por el centro del Pueblo Mágico para descubrir que las danzas tradicionales siguen vivas

Óscar Sánchez

Xico, Ver.- En las calles empedradas de un pueblo erigido en las faldas de una montaña, aparece un recinto museográfico que, como una representación cinematográfica, cobra vida cada día y se traslada a cada rincón de un Pueblo Mágico llamado Xico.

El estruendo de los cencerros, el color de las cintas y el misterio de las máscaras que se presentan en el interior del Museo del Danzante Xiqueño, donde permanecen inmóviles, emergen a las calles y cobran vida día a día con representaciones reales para rendir homenaje a Santa María Magdalena.

Un recinto dedicado a preservar la memoria de las expresiones que han dado identidad al pueblo que forma parte de la llamada Ruta de Cortés, una remembranza que sigue vigente entre sus habitantes: las coloridas máscaras y los fuertes movimientos aparecen en la vida cotidiana.

La historia y evolución de los Tocotines, Cruzada de Dos Reinas, los Santiagos, los Payasos y los Negros de Bayera surgen en cada esquina del refugio, un universo de las danzas tradicionales que cada julio llenan de música, devoción y color las calles del municipio durante las celebraciones en honor a la patrona.

Parece extraño que el recinto haya nacido con el propósito de resguardar uno de los patrimonios culturales más importantes de la región, cuando su resguardo yace en cada vivienda, en cada baile que trasciende generaciones; en niños, hombres y mujeres que portan con orgullo esos trajes a la vista de todos.

Lo mismo ocurre con las máscaras talladas por artesanos locales, instrumentos musicales, fotografías históricas, documentos y material de investigación, los cuales buscan comprender el origen y la evolución de estas manifestaciones culturales. Ese origen y evolución se palpan a toda hora en los caminos.

El simbolismo de los personajes de las celebraciones, el significado de las máscaras y la indumentaria que distinguen a las diferentes cuadrillas cuentan una historia de raíces indígenas y tradición católica, pero, más allá, cuentan una historia de cada hogar, donde muestran con orgullo ese pasado que los hizo en el ayer y que los mantiene en pie en el presente y en el futuro.

Y es que detrás de cada danza existe una promesa, una manda, una historia familiar o una muestra de agradecimiento a Santa María Magdalena, la patrona del municipio, una patrona que se regocija con la alegría que los danzantes muestran en cada grito y paso que dan en su pueblo.

Al salir del museo basta caminar unos metros para comprender que la exposición nunca termina: las vitrinas se abren cada día, las máscaras vuelven a los rostros y los danzantes recuerdan que las tradiciones no se guardan detrás de un cristal.

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