*Nos cuenta Lindon que Beckett le envió una carta al ruso Sergei Eisentein para que este lo aceptara en su país y estudiar cine con él.
Rodolfo Mendoza
Con su cara y pelo de ave, Beckett es uno de los mayores iconos de las letras universales. Su mirada profunda, su surcado rostro fueron durante mucho tiempo la estampa de la inteligencia, de la intelectualidad, de El Escritor. Primero saltó a la escena como narrador con Molloy, Malone muere y El innombrable. Con estas tres novelas se hablaba ya de Samuel Beckett como uno de los grandes renovadores de la narrativa del siglo XX. Irlandés de nacimiento, desde joven se mudó a Francia a donde permaneció casi toda su vida. Escribía indistintamente en inglés o francés, y en las dos lenguas era un reformador.
En español se puede encontrar la reunión de sus seis primeras obras teatrales, incluida la mítica Eleutheria, una obra que había escrito en francés, la primera que escribió. Obra teatral en la que se empiezan ya a vislumbrar aquellos hallazgos escénicos que tan famoso lo hicieron. Después de ser puesta en escena por primera vez, Beckett se negó a publicarla y a volver a montarla. Decía a sus amigos que nunca más la publicaría pues estaba seguro de que había sido sólo un ejercicio creativo. Pasaron las décadas, llegó el Premio Nobel, y Eleutheria estaba en el completo olvido; sólo unos cuantos la nombraban y no aparecía en los catálogos bibliográficos de la obra beckettiana. A la muerte del autor, un editor estadounidense presentó una carta en la que el propio Beckett cedía los derechos de la obra para ser traducida y publicada en Estados Unidos. Un escándalo rodeó la publicación de la obra, púes los especialistas decían que no era posible publicarla por primera vez traducida sin que se hubiera publicado en la lengua original escrita. De cualquier forma Eleutheria volvió a salir a la luz, y los lectores y especialistas en la obra de Beckett pudieron constatar la genialidad del escritor desde sus primeras obras.
Ya se puede leer esta obra en español, acompañada de las obras canónicas del irlandés: Esperando a Godot, Fin de partida, Pavesas y Film.
Hay que anotar aquí la importancia del “Prólogo” y el “Epílogo” del volumen de Teatro reunido. En el primero, Jérome Lindon, amigo cercano a Beckett, se encarga de darnos los pormenores de lo que rodeo la creación y la publicación de Eleutheria. Cercano que era al irlandés, sabía muy bien vida y obra del artista. Nos cuenta desde los inicios creativos de Beckett, su afán por la arquitectura y la pintura (Van Velde y Avigdor Arikha) y cómo desde muy joven tenía intereses por el cine; intereses que se ven marcados nítidamente en la obra FILM, incluida en este volumen. Nos cuenta Lindon que Beckett le envió una carta al ruso Sergei Eisentein para que este lo aceptara en su país y estudiar cine con él. Nunca hubo respuesta; nunca se sabrá si el ruso no recibió la carta o si no le importaba tener al dramaturgo como alumno de cine.
Por otro lado, Jenaro Tallens, quien también es uno de los traductores de este volumen, nos ofrece un epílogo en el que se repasan detenidamente las obras incluidas y se abordan problemas de lenguaje y de traducción.
Es pues, este, un volumen obligado para los lectores del ineludible autor irlandés.
