Cumbre Tajín: el arte del Totonacapan

*Los nichos aparecen lentamente entre los árboles y la gente con aromas, música y tradición; un mundo diverso, lleno de cultura; a lo largo del día, la música, danza y teatro acompañan cada momento

Evelyn Castro

Papantla, Ver.- La aventura de la Cumbre Tajín comienza afuera de la popular papelería “Coqui”, ubicada en el Centro Histórico de Papantla de Olarte, donde los turistas, hipnotizados por el aroma de la vainilla toman el taxi colectivo rumbo al parque temático Takilhsukut.

Tras diez minutos de trayecto entre paisajes verdes, el visitante ha llegado a su destino. Desde la entrada el aire cambia. El copal de los rituales se mezcla con el maíz del Zacahuil y el picor del chiltepín, perfumando el ambiente.

Los nichos aparecen lentamente entre los árboles y la gente: encuentro, juventud, purificación, música, aromas y sabores. Cada uno late a su propio ritmo y revela, a quien se acerca, un mundo diverso, lleno de cultura y tradición.

En un punto se puede ver a un hombre mayor, vestido de blanco y con sombrero, rajar una palma con detenimiento y precisión. Cerca, una mujer que se desplaza ágilmente repartiendo cartón y pintura a los asistentes.

De esta forma, el arte del Totonacapan cobra vida al compartirse con las nuevas generaciones a través de talleres, en los que familias completas elaboran ágilmente alebrijes de colores, cestos de palma o artesanías de barro.

Los saberes de los pueblos originarios se transmiten y permanecen desde las escuelas como el Kantiyán y la Casa de la Palabra florida, donde niños, jóvenes y adultos aprenden la lengua totonaca, así como sus valores y tradiciones.

La hora de la comida no pasa desapercibida. A cada paso, aparecen brasas encendidas sosteniendo ollas humeantes repletas de pulacles y bollitos envueltos en las típicas hojas de plátano, que consienten el paladar del visitante.

A lo largo del día, la música, la danza y el teatro acompañan cada momento. Mientras unos aprenden y crean, otros observan y se detienen ante las presentaciones de son jarocho, jazz, bailes folclóricos y títeres.

Al caer la noche, las luces parpadeantes del nicho de la música y el aire en calma anuncian a los visitantes que el día ha llegado a su fin. Entre cansancio y disfrute, toman el camino de regreso llevando con ellos el corazón del Totonacapan.

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