El corazón huasteco que canta entre ríos

*En la comunidad Cuatzapotitla, ubicada en las profundidades de Chicontepec, se mantiene una llama heredada y un fuego que los abuelos encendieron; el Trío Hernández, por ejemplo, alimenta raíces profundas de esta música

Carolina Miranda

Chicontepec, Ver.- Los sonidos de violín, la jarana y la huapanguera inundan la exuberante vegetación y rebotan contra las montañas, ríos de aguas cristalinas y cascadas de la Huasteca veracruzana.

Tres hombres de sombrero rasgan con fiereza los instrumentos musicales y sueltan versos para inundar la zona con el huapango, esa fusión cultural que nació entre las tradiciones prehispánicas y las influencias europeas y españolas.

En el corazón de un pueblo llamado Cuatzapotitla, los integrantes del Trío Hernández forman parte de una larga tradición musical del pueblo huasteco de Chicontepec: aprendieron a tocar viendo a los abuelos y a los padres.

Reynaldo Hernández Hernández, Gumerciando Hernández Hernández y Agustín Martínez aprendieron a tocar en las fiestas de Xantolo, ferias, festividades y verbenas populares, pero, sobre todo, en la cotidianidad de las bodas, quinceañeras, bautizos y sepelios.

“Me gustan los huapangos tradicionales”, dice don Reynaldo, quien aprendió que para cada festividad hay una música especial, con sus significados ancestrales. Incluso en los sepelios debe haber una música específica.

Lleva cerca de 40 años tocando y, a la distancia, su corazón se llena de alegría y evoca los tiempos con sus abuelos y sus padres, escuchándolos y aprendiendo de cada instrumento.

“Cuando toco me siento alegre, recuerdo a mis antepasados, lo que dejaron mis padres, abuelitos… y lo que dejaron son tradiciones que no hemos olvidado”, afirma con orgullo.

Ama tocar El Querreque, Cielito lindo y El Caballito; sabe interpretar huapangos y rancheras, pero siempre se apega a lo más tradicional, a las costumbres presentes en las bodas, pedidas de mano y velorios.

Y, por supuesto, el Chicomexóchitl, un género tradicional de la región que se interpreta en festividades y ceremonias, como “La Danza del Elote”, para celebrar la cosecha del maíz y honrar la conexión con la tierra.

Hoy, los tres músicos continúan recorriendo caminos de terracería y laderas verdes para llevar su música a cada rincón donde haya una historia que celebrar o un recuerdo que honrar.

Mientras las cuerdas vibran y el eco del huapango se alza entre los cerros, el Trío Hernández reafirma su compromiso: mantener viva la herencia que recibieron y transmitirla a quienes escuchan con el mismo asombro con que ellos, de niños, aprendieron.

Porque en Cuatzapotitla —y en toda la Huasteca— la música no solo acompaña la vida, sino que la sostiene y la vuelve eterna.

 

 

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