La Surada, el cálido son jarocho

*Su música nos lleva a los pueblos y comunidades del Sotavento Veracruzano, a las arraigadas costumbres, a los campos y a las plazas públicas y, sobre todo, a un movimiento de resistencia de las mujeres jarochas

Édgar Ávila Pérez

Los Tuxtlas, Ver. – Cuando su música suena, un viento cálido inunda el ambiente.

El son jarocho que surge de las guitarras y jaranas de cuatro mujeres resuena a comunidad, a campo y al pueblo de las profundidades del Sotavento Veracruzano.

Ellas tienen muy claro que su música es fuego para el alma y por eso decidieron hacerse llamar La Surada, como ese viento del sur que calienta todo a su paso, como una oleada de pasión.

Las integrantes de La Surada –compuesta por Patricia Barradas, Eréndira Blanco Vargas, Sirani Guevara González y Guadalupe Santiago Valis– crecieron tocando y bailando como parte de la cotidianidad de sus pueblos.

Rasgan con pasión las jaranas y guitarras, pero le impregnan un toque de delicadeza; cantan los versos a todo pulmón, mezclando la dulzura de sus voces.

En el mundo del son jarocho, históricamente dominado por los hombres, creyeron que para interpretar su música no necesitaban más que el reconocimiento de ellas mismas, con su oficio, sus historias personales, familiares y comunitarias.

Tocan, cantan y bailan… escriben e improvisan versos como una forma de apropiarse de una cultura que bebieron desde niñas, una cultura de sus pueblos que se había convertido en un privilegio de clase que excluía a la mujer autóctona.

Ellas, La Surada, decidieron salir de sus comunidades como una forma de demostrar que la mujer jarocha tiene derecho a estar en los escenarios, a expresar su identidad, su pertenencia y a ganar visibilidad a través del son jarocho. Y no solo eso, dan cabida a mujeres jarcohas soneras de sus comunidades para que les acompañen .

“En el sur de Veracruz no es que no haya mujeres músicas o no es que no haya músicas buenas, sino que la cultura y la violencia sistémica no permiten que salgan mujeres profesionistas de la música (…) la música más bien se considera un hobbie, no una profesión”, recuerda Sirani Guevara, quien toca la guitarra cuarta o media.

Solo ella se dedica de tiempo completo a la música, el resto de sus compañeras tiene otros trabajos. La Surada –dice– no es un grupo que tenga en la mira volverse famoso ni hacer giras todo el tiempo porque sus condiciones se los impide, sino visibilizar que hay muchas mujeres muy buenas, músicas jarochas estupendas.

Y eso lo hacen a la perfección. Los vientos de su música nos llevan a los pueblos y comunidades del Sotavento Veracruzano, a las arraigadas costumbres de las familias, a los campos fértiles, a las plazas públicas donde la cultura se muestra en todo su esplendor.

Por si fuera poco, van cumpliendo su sueño de ser inspiración para muchas niñas que desean ser artistas, ganan visibilidad para la mujer jarocha y, de paso, alzan la voz en la defensa del territorio, los derechos de las mujeres, la soberanía alimentaria, la importancia del patrimonio intangible y la defensa del agua en sus lugares de origen.

Son el contrapeso a los grupos urbanos de son jarocho. Son quienes representan su propia cultura y lo hacen con orgullo, difuminando un viento cálido en sus notas musicales.

 

Compartir: