*Una antigua vivienda en el vértice de Calzada de Tlalpan y Río Churubusco, donde en el año 1949 Tin Tan y su ayudante, el Carnal Marcelo, protagonizaron un dramático momento de la cinta El Rey del Barrio
Aníbal Santiago
Ciudad de México (CDMX).- Delante de mí se alza una delicada casa rosa pálido de dos pisos con torreón, ventanas verticales, herrería decorativa, antiguo farol y portada artística de piedra rodeando una puerta-vitral. Aquí, en el fraccionamiento Country Club, hace 76 años la viejecita Madame Française sufrió lo siguiente.
Distinguida y rica solterona francesa de sombrero, delicioso vestido de flores y costosas alhajas, le urgía que alguien pintara su casa en la Ciudad de México. Como vivía en una lujosa residencia Art déco no arriesgaría su patrimonio con un vulgar pintor de brocha gorda. Contrató a quien, con sus achichincles, tocó su puerta presentándose como el artista plástico Gastón Touché Pinteur del Sacré-Cœur de París Parisien de Iztapalapa. O sea, Tin Tan.
¡Ohlala! Capa, sombrero de ala ancha y barba de chivo, sonrisa pícara y hablando francés como si apenas anoche hubiera llegado desde la Ciudad de la Luz, cuando él besa en la mano a Madame coloca en su ojo, discretamente, una lupa de joyero: quiere detectar el valor de su anillo. Ella, que ni cuenta se da del extraño gesto, encantada por el guapo pintor le avisa que saldría un rato pero que podían empezar a trabajar.
Grave error. Gastón y equipo seducen a las empleadas domésticas, abren cajones y maletas en busca de valores, mientras disimulan pintando muros, escaleras, techos, esculturas. Tiran jarrones, vacían alhajeros, se pelean entre ellos, se fajonean a las chicas, se atascan de viandas en la cocina. Hasta que surge un problema: en el momento en que regresa a casa, Madame Française descubre que Tin Tan y su ayudante, el Carnal Marcelo, intentan abrir su caja fuerte. Escandalizada, cae en la cuenta: contrató a una gavilla de estafadores que destrozó y saqueó su morada. Dramático momento de la cinta El Rey del Barrio.
Una mañana invernal de 2025 llego a la misma casa de la elegante colonia que se abre en el vértice de Calzada de Tlalpan y Río Churubusco. Me acerco al camellón vecino, donde barre hojas José Rojas, veterano jardinero de mirada alegre. Le pregunto por la película de 1949: “En esa casa se grabó. Ni toque, en 10 años trabajando aquí jamás vi salir ni entrar a nadie. Está abandonada”.
Yo haré mi lucha porque desde la vereda, husmeando las 12 ventanas, diviso signos humanos: cuadros religiosos y un árbol de la vida. Y en el patio exterior una cubeta gris unida a un grifo por una manguera, además de un limonero y un rosal sanos (alguien los riega).
Aprieto una, dos, cuatro veces el timbre. Y ahora golpeo el portón. Aguardo cinco minutos y nadie responde. De pronto, la cortina de la ventana principal se agita. Alguien me espía. Grito ¡Disculpeee! Una abuelita recién despierta abre confundida la ventana.
-¿Qué necesita?-, pregunta molesta.
-Que alguien me cuente de la filmación de la película de Tin Tan y Silvia Pinal.
-Aquí fue. Lo haría si no tuviera que cuidar a mi hermano de 92 años, es un anciano y no se siente bien. En otro momento.
La cortina se cierra, ¡pum! Por suerte, vecinos de la tercera edad me han oído y acuden a mi rescate. Me contarán que la señora es la maestra retirada Ángeles Llorente, hermana del fallecido pintor Luis Llorente y de Andrés (el señor de 92 años). Los tres, hijos del “arquitecto Llorente”, personaje importante para El Rey del Barrio. ¿Por? Hace casi 80 años, cuando lo que hoy es el CNA lo ocupaban los recién estrenados Estudios Churubusco, el terregal aledaño, conocido como El Ranchito, se fraccionó y puso a la venta por 50 pesos el m2. Compraron y construyeron estrellas que deseaban chambear junto a casa: Lilia Prado, Ana Bertha Lepe, Charito Granados, El Santo, Adalberto Martínez “Resortes”. Y también el arquitecto Llorente, acaudalado migrante español que para sus tres hijos y esposa edificó en la esquina de Nadadores y Country Club una hermosa residencia art decó, en cuyo frente colocó dentro de un nicho a La Covadonga, virgen de su tierra y protectora de los atormentados por la vida. Por lo visto, esa santa auxilió a Madame Française, pues cuando descubrió que Tin Tan y sus cómplices estaban abriendo su caja fuerte y se disponían a golpear su cabeza con una cachiporra, milagrosamente una sirena policial sonó.
La película nos muestra que Gastón -el impostor artista francés- y su banda de facinerosos salieron de la casa huyendo en auto. La Madame resultó sana y salva.
Gracias también a La Covadonga, hoy están libres de maleantes los alrededores de la fantástica casa que el director de cine Gilberto Martínez rentó al arquitecto Llorente para rodar El Rey del Barrio. Ve a admirarla sin ningún miedo (solo no le pidas a la maestra Ángeles te cuente historias).










