Laudería, un arte que los veracruzanos hicieron suyo

Miguel Ángel Cortés

San Andrés Tuxtla, Ver.-  Los olores emanados de la tierra relajan a los artesanos del sonido, que con sus manos manipulan la madera de la que se forman los instrumentos de cuerda que dan vida a los sones jarochos que se escuchan alrededor de todo el mundo.

Para un laudero no hay mejor terapia para olvidar los malos momentos que ver cómo su creación va adquiriendo forma. Talla el instrumento con amor, como si se tratara de un hijo al que tarde o temprano verá partir.

La interacción con la madera es un diálogo sensorial de principio a fin. Cuando el instrumento está terminado parece tener alma, el laudero siente como si su creación quisiera decirle algo e incluso cantarle.

Practicada por primera vez en la Edad Media, la laudería o luthería, por su origen francés, es un arte que los veracruzanos hicieron suyo por medio de la fabricación de jaranas, un instrumento fundamental para el son jarocho.

Cerca de la calle Manuel Gómez Pedraza, una de las más famosas del municipio de San Andrés Tuxtla, se ubica el taller “La Violeta”, donde Irving Hernández Castro canaliza su amor por la música a través de la laudería.

Su acercamiento con el mundo de la música tradicional comenzó desde que empezó a asistir a fandangos y a empaparse del folclor veracruzano a los 10 años, edad desde la que se dedica a tocar sones jarochos con la jarana.

Pero no fue hasta hace siete años que se involucró de lleno en la laudería, después de cursar algunos talleres en la Casa de Cultura “Dr. Rosendo Becerro Lázaro” del municipio de Lerdo de Tejada, de donde es originario.

“Cuando se da por finalizado el taller, me quedo enamorado de la tradición, de la laudería”, comentó.

Irving Hernández continuó instruyéndose acerca de la fabricación de instrumentos tradicionales y al ver que a un cuantioso grupo de personas le agradaba su trabajo, decidió instalar por primera vez el taller “La Violeta” en Lerdo.

Hace tres años, llegó a vivir a San Andrés Tuxtla, donde los nativos han dado al son un estilo muy distinto al que se toca en el resto del estado. Allí, la laudería pasó de ser un oficio que se resistía a morir a una oportunidad de negocio única para los artesanos.

La tradición se practica a lo largo y ancho del estado: en Los Tuxtlas, en Tlacotalpan, Alvarado, Veracruz, Boca del Río y Xalapa, zonas donde el son jarocho se escucha y se toca cada vez más, por lo que las personas acuden a un laudero para adquirir una jarana.

Pese a que su origen no es veracruzano, la entidad es pionera a nivel nacional en impulsar este arte a través de la jarana, instrumento que se ha introducido en diversos géneros musicales, como el rock.

Cajones flamencos, cajones peruanos, violines, violas, violonchelos, contrabajos, arpas, guitarras, entre otros, son parte del amplio catálogo de instrumentos que ha convertido a la laudería en un arte necesario para la música folclórica y las fusiones que surgen con las nuevas corrientes.

“Hoy hacer instrumentos y exportarlos a gente de otros países y que te devuelvan un video ellos tocándolo en otras latitudes es gratificante, porque va un pedacito de madera de tu tierra, un pedacito de sacrificio, de conocimiento, de aprendizaje, eso enorgullece mucho”, compartió Irving.

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