Baluarte de Santiago, centinela de Veracruz

Víctor M. Toriz

Veracruz, Ver.-Los muros sólidos y los cañones siguen en pie de lucha, ya no lo hacen contra piratas y corsarios, o tropas extranjeras, su batalla después de casi 400 años de haber sido construido ahora es en contra del tiempo.

El Baluarte de Santiago es una de las construcciones más antiguas de la Villa Rica de la Vera Cruz, atrapado en medio de la modernidad deja ver los rasgos históricos del primer Ayuntamiento en América Continental.

Edificio militar que fue centinela de la ciudad amurallada en un sistema de defensa que integraba nueve baluartes o baluartillos, que servían como vigías y cuya arquitectura fue desarrollada para ser impenetrable.

Su fecha aproximada de construcción fue en 1635, en la parte sur de la ciudad, hoy la avenida Ignacio López Rayón y la avenida 16 de Septiembre. Para levantar lo que hoy parecen los vestigios de un castillo medieval se utilizaron materiales de la región, principalmente piedra múcara, que es coral extraído de la bahía veracruzana.

El historiador Ricardo Cañas Montalvo, subdirector del Museo de la Ciudad, afirma que fue una de las primeras construcciones de mampostería de la ciudad de Veracruz, y uno de los últimos inmuebles que sobrevive desde el siglo XVII.

Foto: Identidad Veracruz

Otros materiales que se integraron en los gruesos muros fueron piedras de cantera, transportados de Peñuelas y Rinconada, incluso hay historiadores que afirman que algunas rocas fueron trasladadas desde Campeche.

La gran masa de piedras fue compactado utilizando cal de coral quemado y piedra caliza, actualmente el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) culmina los trabajos de restauración que permiten verlo nuevamente repellado en el exterior de un color grisáceo, aunque fotografías de inicio del siglo pasado muestran una edificación blanca que parece un gran pastel, asegura Cañas Montalvo.

Los cañones se mantienen intactos en la cara norte del Baluarte de Santiago, que toma su nombre del patrono de la tropa española que servía desde la ciudad de Veracruz. Su ubicación fue estratégica, ya que permitía el cambio de tiro entre San Juan de Ullua y el Baluarte de San Crispín, al norte de la antigua ciudad, así como un pequeño polvorín antiguamente localizado en la Isla de Sacrificios.

El 14 de julio de 1980 el presidente Porfirio Díaz Mori permitió al entonces alcalde de la ciudad, Domingo Muró, derribar las murallas y siete baluartes en el proyecto de ampliación de la ciudad, con los años solo sobrevivió el de Santiago.

A diferencia de los baluartes tradicionales desarrollados por la arquitectura militar italiana que se construyeron en Veracruz, su forma fue un polígono con siete lados, que custodiaba el antiguo Camino Real que dirigía hacia Córdoba y Orizaba, así como la costa por donde ingresaban las embarcaciones.

Su uso bélico lo convirtió desde el inicio en un inmueble pragmático, por lo que tuvo que adecuarse a las necesidades militares de cada época, es por eso que la cara sur presenta modificaciones que se fueron haciendo al pasar el tiempo, pero que lejos de destruir su patrimonio, es muestra de la misma evolución de la ciudad.

Fue administrado por las fuerzas militares hasta mediados del siglo pasado, cuando pasó a la administración federal. En 1990 fue rescatado nuevamente como patrimonio histórico y abierto al público como un museo en el que se exhibe de manera permanente las Joyas del Pescador, que integra varias piezas de oro elaboradas por antiguos habitantes precolombinos y que se presume formaba parte de los primeros tesoros enviados a la corona española en la época de la conquista en alguna de las embarcaciones que naufragaron en aguas del Golfo de México.

A finales del 2017 inició una nueva restauración y será abierto nuevamente en noviembre próximo. Pero su esplendor y fortaleza se mantiene, forma parte de la cotidianidad de la moderna ciudad de Veracruz.

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